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Ruido Blanco, campeón de la segunda versión del “Lucha Libro”.

Por Aramís Castro

Un cardenal, un zapallo y un detector de humo. Tres palabras sin aparente relación entre sí, y un reto por delante: emplearlas en un relato que deberá ser escrito en máximo cinco minutos. La segunda edición del “Lucha Libro”, realizado desde finales de agosto en La Noche de Barranco, llega a su fin y los asistentes serán testigos del ganador ¿Será Bucéfalo o Ruido Blanco? Qué corran las apuestas.

Los dos finalistas, cubiertos con máscaras como peleadores mexicanos, se batieron semana a semana en un duelo de creación literaria, junto a otros 30 participantes. Ahora solo esperan la señal y las palabras que utilizarán en su última historia. ¿El premio? La publicación y distribución de su libro, así como su lanzamiento como escritor.

Ruido Blanco subió primero al cuadrilátero acondicionado con una mesa, una silla y una laptop. Esta última, la herramienta que le permitiría mostrar su arte. Su prosa.

Los asistentes apreciaron la construcción de los textos, gracias a una pantalla instalada detrás de los escritores–luchadores. Fueron parte de todo su proceso creativo. Jueces instantáneos, por así decirlo. En el segundo piso, un pequeño grupo sostenía una banderola como muestra de apoyo a Bucéfalo (el otro finalista). Un competidor de personalidad extrovertida y carismática. Una “estrella del rock”. Aunque minutos más tarde no pudo con la habilidad de Ruido Blanco.

El reloj, colocado en el extremo derecho de la pantalla, tensionaba a los participantes; y la voz ronca de un entretenido árbitro, recordaba cuánto tiempo les restaba. La cuenta regresiva se asemejaba a un proyectil a punto de estallar. Los nervios por conocer al ganador, se trasladaron al murmullo que ejercía la masa que ingresó al local barranquino desde las siete de la noche. El veredicto final recayó en manos del reconocido autor Oswaldo Reynoso. La multitud calló unos instantes para escuchar atentamente. La decisión estaba tomada.

La participación de Bucéfalo tuvo que resignarse al segundo lugar. Y como parte del ritual del “Lucha Libro”, debió despojarse de su máscara y dejar al descubierto su rostro. Una nariz prominente y un cabello que empezaba a tornarse canoso, completaban su delgado cuerpo. Ruido Blanco, por su parte, recibía el reconocimiento de los jueces y del público que lo apoyó en las semanas que duró la competencia. Ahora aguardará seis meses para ver publicado su libro. Premio justo para quien le dio poder y fuerza a las palabras, y no a los puños. 

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