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Por Marco Peña

No todos los vecinos que existen en cada barrio son iguales. Y son pocos los que se levantan a las seis de la mañana para realizar una labor sin sueldo. Algunos se limitan a barrer sólo la parte de la vereda de sus casas, otros esperan a los barrenderos de la Municipalidad. Aquilino Pinedo López, es un ejemplar vecino de la urbanización Pro ,en Los Olivos, y hace más de veinticinco años que vive con una frase que es su fuente de inspiración: Con basura no hay paraíso.

El señor López es uno de los primeros que vinieron a vivir a Pro cuando no existían ni casas ni grandes negocios.  Es amante de la naturaleza y cuida el medio ambiente a capa y espada.  Suele llamar la atención a las personas que botaban bolsas o envolturas en la calle. Le molestaba ver a los animales encerrados en el último piso. En la parte exterior de su vivienda tiene un árbol de cinco metros que él mismo lo plantó. Gusta de la buena lectura. Es partidario de los buenos modales. Y lo que más gusta es barrer.

Ahora a sus cincuenta y cuatro no ha dejado la costumbre de barrer su vereda todas las mañanas. Pero hay algo distinto en él. No sólo barre la parte de su casa, sino que lo hace por todo su barrio. No tiene vergüenza de hacerlo. El jirón la Honradez, que es la calle en el que vive, abarca una cuadra y algo más. Se despierta a las seis de la mañana. Busca el recogedor y su fiel compañera: la escoba.

Empieza por el lado izquierdo de su calle, por la casa del vecino Porras, luego vuelve hasta el jardín de la vecina Chaupis. Recoge desde una envoltura de un caramelo de limón hasta las hojas secas que cayeron de los árboles. ¡Vecino buenos días¡ ¡vecina buen día! Son pan de cada día para don Aquilino.  Ahora va hacia otra dirección, al lado derecho de su casa, llega hasta el vecino César que está en la última esquina. Entra a su casa y saca una bolsa negra grande lo abre y llena todo lo recolectado. La jornada ha terminado.

En la tarde, analiza cada acción de los que pisan su calle. Y si encuentra algo anormal no lo piensa y va al ataque a predicar su palabra de limpieza y de los buenos modales. Cierta vez un vecino inescrupuloso se le ocurrió prender fuego a unas bolsas llenas de basura, había un terreno vacío frente a su casa. El humo negro por el cielo se expandía y el olor llegó a los sentidos de don López, salió furioso para buscar al responsable. Y tuvo una discusión de más de una hora.

Cuando la noche cae, don Aquilino lee su periódico y espera pacientemente al día siguiente. Y una vez más el amanecer lo asalta y se repite la misma historia. Nadie  paga por lo que hace. Él siente que está aportando a su sociedad aunque nadie se da cuenta. Mientas sus vecinos duermen en las mañanas, él deja sin basura sus mañanas. Sólo es sabido que Pro tiene un gran vecino ecológico.

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